MACHU PICCHU ES NUESTRO, LAS PIRAMIDES, TAMBIEN...
Michel Azcueta
Hace unos dias aparecieron a la vez dos noticias relacionadas con la
promoción de las siete maravillas del mundo moderno. Por un lado, la
ministra de comercio y turismo del Perú animaba a toda la población
nacional a votar masivamente por Machu Picchu como una de estas
maravillas e, inclusive, anunciaba una promoción internacional para
lograr dicho objetivo; y, por otro lado, las agencias de noticias
informaban que el gobierno egipcio criticaba dicho concurso y sacaba a
las famosas Pirámides de Giza de la misma promoción, insistiendo que no
le interesaban los resultados finales ni si las Pirámides de los
faraones quedaban o no entre las siete maravillas.
Me llamó mucho la atención estas dos posiciones y me preguntaba el por
qué de tan diferentes actitudes.
En el Perú nos gusta sentirnos herederos directos de los Incas y de su
cultura....por lo menos de boca para afuera aunque, en la práctica, ni
cuidamos nuestros monumentos ni dedicamos tranbajo y recursos a su
mantenimiento, restauración y promoción. A pesar de esta triste
realidad, nos sentimos orgullosos del pasado glorioso, de ser nuestra
tierra cuna de civilizaciones, y nos ofendemos cuando se nos toca de
mala manera esa fibra nacionalista. Hay, pues, una continuidad
histórica y cultural desde siglos atrás hasta el día de hoy.
En Egipto, curiosamente, a pesar de los estudios que en todo el mundo
se hace de la cultura de los faraones, incluyendo los textos
tradicionales de historia universal en secundaria, la población no se
siente descendiente de los faraones. La cultura predominante es árabe y
todo se cuenta a partir del Islam, es decir, del Siglo VII de nuestra
era, y todo lo anterior lo dejan para los científicos (nacionales y
extranjeros) y como parte de los ingresos del Estado por los millones
de turistas que visitan las Pirámides y las otras manifestaciones que
puedan de los antiguos imperios al lado del Nilo.
Ante estas dos distintas posiciones y más allá de concursos y
promociones, es bueno recordar que tanto Machu Picchu en el Perú como
las Pirámides en Egipto son patrimonio cultural de la humanidad,
declarados asi por la UNESCO en nombre de todos los pueblos del mundo.
De ahí la obligación, la responsabilidad que, en nuestro caso, tenemos
de cuidar Machu Picchu y su entorno, de invertir en su mantenimiento y su promoción.
Es bueno sentirse orgulloso del propio pasado pero ese orgullo pierde
peso si no está acompañado por el compromiso activo de dar continuidad,
en el Siglo XXI, a la obra creadora de nuestros antepasados. Nos
corresponde aportar, desde nuestra propia realidad, desde nuestros
pueblos, a la construcción de la Cultura Universal del Siglo XXI,
sabiendo que todos aquellos lugares patrimonio de la Humanidad son las
raíces auténticas de lo nuevo que nos toca construir...Por eso, más
allá de concursos y declaraciones oficiales de siete o más maravillas
del planeta, Machu Picchu es nuestro y las Pirámides de Egipto también...
(mayo, 2007).