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José Pisconte Ramos
José Pisconte Ramos
 
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Indudablemente que las políticas sociales tienen que ser integrales, de lo contrario, el discurso y la práctica son perversos y cínicas. Es cómo si nuestros hijos o familiares tuviesen fiebre y solo le damos calmantes, encima no le damos de comer bien, y para colmo no cuidamos la limpieza del lugar donde vive o duerme, eso lo único que hace es agravar su situación. Algo parecido ocurre en nuestro país en Perú.
Se dice que hay que luchar contra la pobreza y los pobres son cada vez más, hoy estamos en más del 50 % de ciudadanos en pobreza, los programas sociales como el vaso de leche, comedores populares etc., todos ellos de emergencia, llevan ya más de 20 años y en lugar de resolver el tema solo se agrava. Peor aun ahora se pretende dar a cada familia en pobreza extrema 100 soles unos 30 dólares.
Cómo no entender esta situación se agrave, si por otro lado los niños y jóvenes cada año van menos a la escuela, y a aquellos que van la educación es mala. Cómo no entender que algo debe tener de relación con el nivel de capacitación de los maestros que a las justas tiene para comer y que si compran un libro su familia no come. Este maestro pretende educar a niños y jóvenes con conocimientos de hace más de 20 años para que los jóvenes vivan en la sociedad actual.
Por otro lado el ministerio de trabajo habla de fomentar el empleo y le da luz verde a normas que liberalizan la legislación laboral, donde el trabajador sencillamente no tiene ningún derecho y por otro lado la salud pública es un caos, si alguien va al hospital este parece un mercado ambulante donde hay que llevar el enfermo de un lado a otro y buscar las medicinas porque no tienen nada.
Todo esto lo único que nos muestra es que en la formulación y articulación de las políticas publicas para responder con éxito a los problemas  sociales algo esta fallando, falta esa mirada integradora, pero además que se vaya a las causas o a las consecuencias.
Todo esto trae como consecuencia que la pobreza se hace cada vez mayor, la exclusión social crece, el desempleo, la violencia, la delincuencia, la corrupción, la expansión del uso de la droga, etcétera, y cada sector pretende atacarlas sin éxito.
Toda esta crisis nos obliga a tratar de leer de otra manera la realidad, esta no solo tiene problemas económicos, también los tiene en el ámbito social y esto nos hace cada vez duros insensibles al drama de las personas en esta situación. Asistimos entonces un proceso de deshumanización. Buscar la humanización de muchas cosas exige entonces una nueva mirada de las cosas y soluciones integrales.
La ausencia de un proyecto político en el caso peruano nos lleva a pensar y quedarnos solo en los  programas, y estos solo buscan atender el tener de la gente (la leche que tomar, los alimentos con que paliar el hambre). Pero esto no resolverá nada. Necesitamos un proyecto que ponga claridad con lo que queremos ser cómo grupo humano, como sociedad.
Bastante razón tienen quienes sostienen, quienes afirman ....que la elaboración de un proyecto pasa por la toma de conciencia crítica de lo que somos hoy como “producto social. Pero esto es incompleto sino definimos que queremos ser.
Cómo bien lo dice Cetrulo, se requiere un cambio cultural profundo, esta acción cultura deberá traducirse en acciones y cambios políticos que se materialicen en transformaciones cotidianas en la vida de millones de personas, de lo contrario todo es mentira.

Algo que nos preguntamos en Perú es ¿existe realmente una sociedad civil? Ya que cuando se ha empezado a hablar de este asunto tenemos a la iglesia y las ongs en primera fila reclamando ser los representantes de esta sociedad civil. Es así que los tenemos en los concejos de coordinación local etc., pero estas instituciones están lejos de ser los representantes de la sociedad civil.
Esto nos lleva pensar que lo que sucede es que hay una ausencia de liderazgos en las organizaciones sociales de base, estas no ha sido capaces de construir niveles mayores de organización, o tampoco han sido capaces de renovarse, quedando en solo el discurso reivindicativo y de protesta.
Creo que desde  los espacios locales, se pueden abordar en pequeña escala políticas integrales que vayan a las raíces de los problemas, pero sin embargo eso supone un cambio en las autoridades que hasta ahora solo replican en pequeña escala lo que desde el gobierno nacional se hace en gran escala.
Atender el problema del empleo, la salud, educación etc. supone  mirar todos estos problemas en conjunto y darles una repuesta de conjunto, quizás en eso ayudan los planes de desarrollo concertado en los cuales los sueños y aspiraciones del conjunto se expresan y recogen, pero además supone que como ciudadanos se asumen derechos y obligaciones. Es solo a partir de proyectos comunes integradores que podremos responder a problemas tan diversos. El plan de desarrollo concertado es ese proyecto común, e indudablemente los programas que se requieran deben de resolver las causas, no deben ser paliativos. Ese proyecto común parte del cómo somos hoy y debe indicarnos cómo queremos ser mañana.
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